
Los hechos objetivos: por toda Valparaíso abundan los gatos, tanto en las calles como dibujados en las paredes. La desorientación provoca dudas razonables sobre si un gato estaba ahí dibujado antes, o si otro gato no debía de encontrarse en ese muro.
Etnografía reencantada: un dicho popular afirma que los gatos tienen siete vidas. Sin embargo, los niños de todo el mundo han comprobado más de una vez, en los descampados cobrizos, que los gatos muertos ya no juegan más. La respuesta dialéctica a esta contradicción está en Valparaíso: los gatos de todo el mundo vienen aquí a vivir sus otras seis vidas. Estás pueden tomar, indistintamente, cuerpos de dos dimensiones o de tres. Los gatos de dos dimensiones viven en superficies planas como paredes, y han sabido desarrollar nuevas estrategias adaptativas, como hacerse pasar por pinturas cuando los miran los seres humanos. Sin embargo, más de una vez, cuando uno logra regresar al mismo punto dentro del laberinto de Valparaíso, acontecimiento que parece imposible por el efecto caleidoscopio urbano que posee esta ciudad, el supuesto graffiti del gato ya no se encuentra allí: se ha marchado a otro lugar, a curiosear al borde de los problemas con sus pequeños pasitos de como puntos suspensivos puestos ahí sin ninguna pretensión.
Emilio Santiago Muíño y Analía Sílberman. Enero de 2009.


