
Hechos objetivos: sentados en unas escaleras desde las que podíamos ver toda la ciudad tendida a nuestros pies, la noche vino sin darnos cuenta.
Etnografía reencantada: uno de los hábitos más extendidos en esta ciudad es hacer resbalar la noche. Unas horas antes de la oscuridad, en ese momento en que el aire parece que por fin ha llegado a alguna parte y la luz se remansa concentrándose en decorarse a sí misma, justo en ese momento, la gente de Valparaíso reencantado se sienta, en pareja o en pequeños grupos, en las miles de escaleras que enredan la ciudad. Entonces se pierden de sí mismos, se desbobinan, compartiendo la victoria, hablando de cualquier cosa con su hilo bien enhebrado en la palabra. Y en la charla, y en el disfrute de la fuga de la vida, las cuerdas de cada uno se disuelven, y se convierten en charcos. Y de repente, como un tropezón, súbito, imprevisto, la noche. Ha caído en un instante, sin proceso, sin puntos medios, resbalando al bajar las escaleras en los charquitos de las intimidades derretidas.