
Hechos objetivos: una parte del mobiliario urbano de Valparaíso están decoradas con formas y colores muy llamativos.
Etnografía reencantada: Muchos postes telefónicos, postes de luz, o farolas en Valparaíso están adornados por pinturas realizadas por sus propios vecinos. Sabemos que son realizadas por los vecinos y no por las instituciones porque ninguno de estos objetos responde a un plan de embellecimiento racional, dada la dispersión caótica de estas pinturas por el distinto mobiliario urbano.
El aliento del potlatch impulsa toda la vida cotidiana de esta ciudad. No existe trozo del mobiliario urbano que no sienta como un motivo de generosa expresión suntuaria. Cada señal, cada banco, cada pivote, es interpretado por los habitantes del barrio como un motivo de orgullo, de muestra, como una superficie que embellecer y en la que demostrar el talento y la sensibilidad de la comunidad. Es la ciudad entera la que gana con este sano espíritu de competición. Así, cuando llega la noche, es difícil distinguir si se ha encendido una farola o un pavo real, pues cada poste, de un colorido y una belleza distinta, pregona sin complejos su presencia en el mundo.
Emilio Santiago Muíño y Analía Sílberman. Enero de 2009.


