El espejo de introspección

Hechos objetivos: colgado en un muro nos topamos con un diminuto espejo y una indicación que señalaba “introspección; mirar 10 minutos”.


Etnografía reencantada: Para facilitar una experiencia integral de la realidad, existen en Valparaíso reencantado una serie de espejitos cuyo objetivo es hacer funcionar los sentidos hacia el otro lado, es decir, hacia dentro. Al igual que según la leyenda urbana a los astronautas se les obliga, en los paseos espaciales, a no perder de vista la Tierra porque mirar el espacio profundo podría enloquecerlos, se recomienda no mirar en el espejo más de diez minutos porque el contacto prolongado con la inmensidad del deseo y del inconsciente puede ahogar a las personas en su propio tamaño. En cierto sentido, se trata de una especie de buceo psicológico a pulmón: en cada inmersión, los habitantes de Valparaíso encuentran restos perdidos de viejos naufragios mentales, peces-recuerdo para compartir en la cena, paisajes submarinos que les sirven de musa. Esta herramienta es determinante a la hora de explicar el grado de vigor psicológico, de amor a uno mismo mezclado de amor a los demás, y de talento vital que caracteriza al pueblo porteño.

No son pocos los osados que se embriagan ante el espejo, formando un grupo de adictos a la introspección. Estos reaccionan de manera muy violenta cuando algún transeúnte intenta salvarlos de su hipnotismo interior, llegando a agredir a la persona que les ha prestado su ayuda, así como rompiendo los espejos, en un gesto desesperado de imponerse al objeto de su vicio.

Emilio Santiago Muíño y Analía Sílberman. Enero de 2009.


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