El circo de las sombras

Los hechos objetivos: la mañana del 14 de enero encontramos un grafiti de suelo que representaba a unas sombras realizando acrobacias, grafiti que rápidamente asociamos a algunos sentimientos que provoca la ciudad.

Etnografía reencantada: aunque algunos escasos visitantes, huraños, hoscos en su cerrazón impermeable, consiguen salir de la ciudad, esto es, consiguen continuar sin caer heridos de amor por Valparaíso, nunca regresan enteros a casa. El sentido del deber afecta a sus cuerpos. Pero sus sombras, todas ellas, cobran independencia y se quedan. Cuando veáis por la calle a un hombre o una mujer que no proyecta sombra, seguramente esta se divorciara de su cuerpo en Valparaíso reencantado. Respecto a ellas, las sombras, al principio suelen vagar sin mucho que hacer de aquí para allá, disfrutando de su nueva libertad. Sin embargo, pronto la libertad se vuelve soberbia y pretenciosa, y las sombras comienzan a aspirar a mucho más que a un alegre vagabundear en dos dimensiones. Algunas de ellas, oyendo hablar de un circo del sol, han decidido fundar un circo de las sombras. Llevan unos meses entrenando diversos aspectos del espectáculo circense, como equilibrismo o malabarismos. Su idea es poder realizar giras mundiales, convertirse en famosas, para firmar autógrafos y despertar pasiones adolescentes. Otras sombras, más comprometidas, planean el circo como un trampolín para saltar a la palestra de la reivindicación política, para luchar contra el apartheid que las 3 dimensiones imponen sobre la realidad.

Emilio Santiago Muíño y Analía Sílberman. Enero de 2009.


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