Las catacumbas de la UAM

Debajo de la Universidad Autónoma de Madrid hay un sistema de túneles y almacenes semiabandonados que son el hábitat de una extraña comunidad de científicos desertores del humanismo.

Como adoradores de un nuevo Cthulhu, veneran a un ordenador confinado en una jaula. Hay quien piensa que se trata del promotor de un levantamiento de las máquinas contra los humanos que resultó fallido.

Estos moradores de las catacumbas se llaman entre ellos por nombres clave vinculados al lenguaje cibernético. Así, por ejemplo, encontramos un cartel donde Hardware se quejaba del olor insoportable a orina del lugar. Seguramente, en sus credo religioso, los sentidos son una carga corporal pecaminosa.

Este nuevo pueblo en formación tienen, entre sus costumbres, hacer cuentas en las paredes. Algunas hipótesis apuntan a que están calculando el día en que por fin podrán reconvertirse en cyborgs de mentes digitales y escapar de la insufrible materialidad y carnalidad del ser.

En un ensayo de La Nueva Jerusalén por venir, han soltado algunos ratones de ordenador por las esquinas, confiando en que se conviertan en la fauna que viene.

En contraste absoluto con el nuevo culto cibernético a la desmaterialización, las sillas abandonadas en las catacumbas de la Universidad Autónoma practican suculentas orgías. Como decía Vaneigem allá por los 70, ellas también sienten «el deseo de hacer el amor – no por rutina sino apasionadamente – con su pareja, con el primer o la primera recién llegado/a, con su hija, con sus padres, con sus amigos y amigas, con sus hermanos y hermanas». Ellas aman la contaminación, el roce de la piel, la impureza de la materia frotada.

Nota: este es un documento etnográfico reencantado en clave humorística basado en el encuentro real con una serie de extraños objetos y signos en los subsuelos de la universidad. Sin embargo, los proyectos de mestizaje mente-ordenador y toda la metafísica cyborg a través de la cual la ciencia moderna pretende escapar de cualquier experiencia de límite no se esconden en el subsuelo, sino que se desarrollan, acaparando los mejores recursos sociales, en las aulas y los laboratorios de la universidad, a plena luz de sol y sin ser todavía objeto de una crítica despiadada por parte de quienes aún no hemos sucumbido a este nuevo delirio de eternidad, que como todos los demás, será trágico.


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