El portal en sombras

Mi querida Ivich, los barrios chinos son desafortunadamente mucho menos numerosos de lo que piensa”

Debord.

Denominado periodísticamente como Triangulo de Ballesta: un área que sufre de cierta degradación social inducida en el marco de una operación de gentrificación urbana. Sin embargo, a pesar de la  degradación social,  o precisamente por ella, la zona está habitada por un  hormigueo de  cotidianidad  en bruto, miserable pero también real,  como pocas veces se puede sentir en el centro de un Madrid sedado, banal y promiscuamente beato.

Un portal ha ido acumulando y haciendo físico el vértigo que esta área me produce. Al pasar por delante se me antoja que vivir dentro, en alguno de sus pisos, puede suponer un punto de partida al que nunca regresar y extraviarse entre, en palabras de Pessoa,  “la maravillosa gente humana que vive como perros, que está por debajo de todos los sistemas morales, para los que no se hizo ninguna religión (…) La fauna maravillosa del fondo del mar de la vida”. Sin ninguna imagen de futuro a la que serle fiel.

Un grafiti de un ojo enorme, signo panóptico por excelencia, vigila la entrada en dicho portal en sombras, amplificando la sensación de triángulo de las bermudas moral cuya decadencia el poder tiene que castigar para que no toquemos nunca el fondo de carne y hueso, la carne y el hueso desde el que saber distinguir lo verdadero de lo falso, y aprendamos a combatir por ello en el juego de la realidad en sombras.

Los ojos se multiplican por todo el barrio.  ¿Quién espía el juego de los niños?


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