
La primera norma para sintonizar los diales vírgenes de la realidad es desacostumbrarnos. Dudar de la correspondencia entre las palabras y las cosas, quizá una simple inercia hoy injustificada. El dueño de este bar de copas ha empezado por preguntarse qué es lo que realmente regenta: ¿será un bar, será un altar a ídolos que no hacen milagros, será un sudoku para las horas del sábado?