Las tierras sagradas del proletariado juvenil

Si los huicholes tenían sus tierras, y eran sagradas, los clanes de los jóvenes proletarios madrileños tenemos nuestros parques, y también son sagrados.

El parque es un espacio central en la cultura popular madrileña de finales del siglo XX y principios del XXI, especialmente entre la gente joven. El parque es el lugar de reunión,  de encuentro entre amigos, de las conversaciones importantes que mueven las vidas, donde se ensaya la ebriedad, la camaradería y la aventura, donde se seduce y se deja uno seducir, donde se practica sexo a falta de recursos económicos para acceder a un lugar mejor. El parque también es el lugar de las horas en pausa, de la reunión diaria del gabinete de crisis sin sacar ninguna conclusión, de brindar por respirar, las noches de verano matadas con partidas de póker o juegos estúpidos del tipo encestar un balón en una papelera. Generación LOGSE; game over: huérfanos de un futuro que nos ha dejado en la estacada.

Habitualmente, nuestro amor por el parque que nos ha tocado guarda escasa relación a su belleza objetiva. La quiebra de los ayuntamientos, como campana que dobla por el inminente colapso capitalista, los está afeando todavía más: ruina y sequedad, los tristes tigres ya tienen su trigal para comer  triskis, pipas, beber cerveza y rizar el rizo de las palabras usadas y las anécdotas manoseadas, que es la placenta que nos alimenta en este éxodo inútil.


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