La Cuña Verde de La Latina

El Parque de la Cuña de la Latina  no es mucho más que una mala promesa electoral venida a menos, un prometedor cinturón verde en ruinas. Lugares brecha en la asepsia  del espectáculo, por  donde se cuela el tiempo, que es, seguramente, la experiencia más violentamente extirpada del mundo moderno. Y podemos sentir en su descuidado aspecto  el reto, la urgencia, la necesidad de decisiones relampagueantes, la posibilidad de derrota y el oráculo de los crepúsculos.  Sí,  esto es la vida con toda su altura, su carga de profundidad y sus márgenes.

Y aquel anciano viudo que conocí y empeñaba las tardes del que pudiera ser su último otoño arañándole algo de luz al atardecer y arreglando, con un amor  casi sisífico, y sin duda contagioso, este parque abandonado. Como una oración hacia dentro, que llevara toda una vida recitarla y diese el sentido final a las cosas, podaba los árboles, limpiaba la hierba,  colocaba  ramas sobre unas vigas  (que en la idea del arquitecto servirían para dar sombra en verano, pero que los servicios del ayuntamiento habían olvidado, convirtiendo la estructura en una especie de esqueleto a la intemperie). Y muy despacio, con un cuidado extremo, en un diálogo secreto donde cada gesto era un susurro, proseguía su ceremonia de amor jardinero,  para todos y para nadie.  Él decía que así, cuando llegara la primavera, los enamorados y los jóvenes tendrían un parque bonito con el que poder disfrutar y estar alegres. 

Hoy pienso en él y casi lloro de buenaventura. No sé si era un hombre o un ángel que dio la espalda al cielo, pero lo cierto es que su labor contenía todas las tristezas y todas las esperanzas del mundo.

Con la primavera, un puñado de chavales descansan  en el parque, que también descansa tumbado al sol pero algo menos roto, chavales que preparan un poema anónimo y nocturno de cajeros automáticos inhabilitados. Solidaridad invisible de las dilataciones de vida, circulando por debajo de la piel de los acontecimientos, aspirando,  en un balde tan noble, a envolver y resituar su propio fin.


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