El retorno del espíritu de finura

Los hechos objetivos: muy cerca de unas casas bajas pintadas con llamativos colores y grafitis visitosos en la calle Noviciado, encontré una pintada que decía «psicología del color».

La calle Noviciado es una miniatura altomedieval en forma de calle, de casas bajas y una abundancia de colores con contrastes muy violentos entre sí. Como un experimento pionero, anticipa las ciudades que vienen, que serán de nuevo medievales (y a escala humana) tras el colapso del espíritu geométrico tras colocarse el petróleo a 500 dólares el barril.

No es casual que el gusto por lo monocromático sea norma en la ciudad capitalista. La homogenización plástica de la ciudad es una táctica represiva que persigue la estandarización de las conductas y su conversión en piezas de la maquinaria económica.

Lo saben los psicólogos del color, que de un modo probablemente inconsciente han conformado una suerte de milicia que trabaja, aunque sus intenciones históricas sean otras de menor calado, por el advenimiento de una civilización construida sobre lo que Pascal llamaba el espíritu de finura.


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