
El verano es el tiempo de la madurez colmada, el reino de la libertad, la felicidad y su plegaria: que este momento dure para siempre. Yo amo el verano, porque llega, llena y se marcha con una promesa de más. Y llena porque se marcha. Si «debajo de los peces de colores está la muerte» (Damaso Alonso), al final de la espiral que abren todas las flores está el fin del verano.
Unos metros más tarde, pensando en esto, encontré una flor-corazón que, como la vida, se abre para trascender siempre a costa de exponerse en la fugacidad de los días y su sucesión destructiva.
