Las identidades populares se construyen con lo que ofrece el entorno

Todas las tradiciones se crean: sed de tótems, de rito, de prueba que nos hagan mirar de frente a nuestro propio abismo, bailando con el boque y con la luna. O más humildemente, de referentes, de puntos para el cabotaje, de lugares  para dar con los amigos, para tener algo propio en medio del desamparo simbólico. Por eso los vecinos de La Elipa defienden su dragón de la especulación urbanística, encaprichados con un objeto que comenzó siendo un simple columpio para terminar ejerciendo de santo y seña de una identidad colectiva, que en los barrios obreros se levantan con los materiales más pobres. Una estatua con un peso y un arraigo que nunca podrán tener las estatuas que coloca el ayuntamiento, pues son como banderas de un ejército enemigo que ni siquiera ofenden ni hieren porque  nadie comprende que quieren decir.


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