La sociedad es un camino de doble dirección

De Certeau acertó, y es un alivio (frente a aquellos pesimistas que todavía piensan que la fuerza social se ejerce solo en una dirección: del Capital contra nosotros). Él  argumentaba que “los usuarios trabajan artesanalmente –con la economía cultural dominante y dentro de ella- las innumerables e infinitesimales metamorfosis de su autoridad para transformarla de acuerdo a sus intereses o reglas propias”. O dicho de forma más sencilla: el poder dispone su estructura alienante pero no es omnipotente. Sobre ella  la gente, sin aspavientos, desvía el sentido de los planes del poder y hace lo que le da la real gana.

Las relaciones sociales son anfibias. Los caminos de la resistencia, impuros. Que unos jubilados se aprovechen  del aire acondicionado del local de una multinacional de comida rápida para echar la tarde de modo muy lento, esto es, tomando un café y jugando al dominó, es una prueba.


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