
Los primeros esbozos del Rastro, en la alta madrugada del domingo, tienen algo de espejo roto, que se divisa como si tus meses en la ciudad fueran una enorme vuelta de tiovivo. Como un perro que se persigue el rabo.
Un número que delata la muerte del Rastro. El zoco desaparece bajo la opresión de Leviatán y quien no tenga licencia estará prohibido. Papá nos vigila, no sea que nos autodestruyamos en una guerra hosca y primitiva ( o más bien, no sea que desertemos de esta guerra cruel, pero refinada, que se llama estado-nación)