
A pesar de que las tropas de ocupación del imperio están bien acantonadas en los lugares estratégicos de nuestra psique colectiva, bombardeándonos sin descanso a través de los medios de comunicación con las narrativas de la mitología capitalista, los mitos más hondos del pueblo siguen siendo otros. Leyendas del vandalismo, de la delincuencia, de la militancia, del valor suicida o del graffiti. Recuerdo, por ejemplo, pasear en búsqueda de las pintadas que Mast nos regalaba a todo Móstoles. Sin duda algo mucho más valioso que cualquier autógrafo. Los testigos se cogen. Como dice un graffiti de la Elipa, son las verdaderas fuentes de inspiración de lo mejor de las nuevas generaciones.