Capitalismo: tierra quemada

El Capital no paga a traidores. Los pequeños comerciantes, que soñaron con salir de las filas del proletariado en base a las iniciativas empresariales alojadas durante años el centro comercial de Puerta de Toledo,  hoy son abandonados como cáscaras de naranja a la que el ciclo del valor ya ha exprimido todo el zumo. La gran mayoría han abandonado las tiendas, aunque algunos se resisten, peleando mediante escritos de denuncia irrisorios para que la administración conceda una medida de gracia que anule su exterminio.

Sociedad de tierra quemada. El edificio será reconvertido en campus de la universidad de Nueva York en Madrid, operación que se explica dentro del auge de la burbuja de los estudios de posgrado, nuevo espejismo y moda capitalista que dejará tras de sí un reguero de destrucción económica y familias arruinadas. Como todos los atracones compulsivos que rigen nuestro dinamismo social. El Capital, que es el sujeto histórico, tiene la conducta propia de un bulímico.

Experimentar de un modo tan agudo la soledad en un lugar diseñado para el bullicio es como dormir al raso: turbador, pero al mismo tiempo excitante. En tu cuerpo se abren nuevos paisajes metabólicos.


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